Vlad
Draculea
Vlad TepesVlad III de Valaquia fue un Príncipe de Valaquia
(hoy parte de Rumania), considerado el originario Conde Drácula
e inspirador de la obra literaria del mismo nombre.
Nació
(según se cree) en la hoy ciudad rumana de Sighisoara (Transilvania),
entre noviembre y diciembre de 1431 y murió asesinado en
diciembre de 1476 en las cercanías de Bucarest. También
es conocido como Vlad Tepes (pronunciación: tse'pesh) o
Vlad el Empalador.
Gobernante
de carácter brutal y sanguinario, fue el más temido
de todos los gobernantes de Europa Oriental en el Siglo XV. Fue
uno de los tres hijos de Vlad Dracul (que significa Dragón
o Demonio, de donde viene el término Drácula o Draculea:
hijo de Dracul), quien fue incluido en la Orden del Dragón
de manos de Segismundo de Luxemburgo, también rey de Alemania,
Bohemia y Hungría, en 1428. Dado que en la mitología
rumana no existían los dragones, por analogía fonética
de "Drac" (dragón en Húngaro) pasó
a ser conocido como "Dracul", que en Rumano significa
diablo o demonio.
De
Vlad III el Empalador, príncipe de Valaquia, se cuentan
numerosas historias y leyendas. Fue rehén de los invasores
otomanos hasta los diecisiete años de edad, cuando logró
tomar el trono de Valaquia, del cual fue depuesto poco tiempo
después. Sin embargo, en 1456, tras la Batalla de Belgrado,
Vlad ascendió de nuevo al trono, tras matar a su contrincante
Vladislav II, y ya no lo abandonó hasta 1462. Después
vivió en el exilio hasta 1474, momento en que se lanzó
de nuevo a la batalla para recuperar el cargo, lo que conseguiría
en 1476. Sin embargo, en diciembre de este año caería
luchando contra los turcos, rodeado de su leal Guardia Moldava.
Vlad se hizo famoso por tres cosas: su increíble arrojo
y valentía (murió luchando con un ejército
de tan solo 200 hombres contra un ejército de 120.000 turcos,
algo que había hecho antes varias veces con éxito),
su implacable sentido de la justicia y su extraordinaria crueldad,
capaz de llamar la atención incluso en aquellos tiempos
sangrientos. Como su apodo indica, su argumento contundente favorito
era el empalamiento, una técnica de tortura y ejecución
que consiste en introducir un palo sin punta, (ya esto aseguraba
un mayor sufrimiento en la víctima), por el ano o la vagina
hasta la boca o el hombro, fijarlo a la carne con un clavo y después
levantarlo para que la víctima muera allí lentamente,
entre dolores atroces. Al menos cien mil personas, murieron de
esta manera a manos de los hombres del Empalador durante los siete
años que duraron sus sucesivos reinados: enemigos, traidores,
delincuentes de todo tipo y las familias de todos ellos, incluyendo
a los bebés y a elementos de su propia milicia que "merecían"
ser castigados.
Un
delegado papal en la corte húngara lo describió
así: "No era muy alto, pero sí corpulento y
musculoso. Su apariencia era fría e inspiraba cierto espanto.
Tenía la nariz aguileña, fosas nasales dilatadas,
un rostro rojizo y delgado y unas pestañas muy largas que
daban sombra a unos grandes ojos grises y bien abiertos; las cejas
negras y tupidas le daban aspecto amenazador. Llevaba bigote,
y sus pómulos sobresalientes hacían que su rostro
pareciera aún más enérgico. Una cerviz de
toro le ceñía la cabeza, de la que colgaba sobre
unas anchas espaldas una ensortijada melena negra." (Nikolaus
Modrussa).
Vlad
hizo y deshizo alianzas tanto con turcos como con húngaros
siempre por los intereses de su patria, Valaquia. Durante todo
su reinado se caracterizó como un auténtico patriota
y siempre defendió los intereses de su pueblo ya que tanto
húngaros como turcos miraban a sus territorios como región
a conquistar. Casi siempre contó con un ejército
reducido y muchas veces utilizó las tácticas de
la guerrilla (utilizaba la táctica de tierra quemada, infectaba
los pozos de agua, mandaba enfermos de tuberculosis a los campamentos
turcos) para luchar contra sus enemigos.
Sus
hechos fueron inmortalizados por el juglar alemán Michel
Beheim, en su obra poética Von ainem wutrich der hies Trakle
waida von der Walachei en 1463.
Símbolo de la Orden del DragónSu traumática
infancia, fue muy determinante a la hora de formar su futuro como
príncipe. A los 13 años, en 1444, fue entregado
a los turcos como rehén junto con su hermano Radu, por
su padre como muestra de sumisión al Sultán y como
garantía. Fue criado por el mismo Murat II (padre de Mehmet
II, el cual lo tuvo como a un hermano) en ciudades como Adrianópolis,
Egniojsor, Ened y Ninfamén, siendo el propósito
evitar una nueva traición por parte del padre de Vlad.
Lo más seguro es que allí aprendiera de los turcos
las torturas y la forma humillante de ejecución del empalamiento,
que quedaría grabado en su mente para siempre.
Cuando
volvió del exilio su padre Vlad Dracul había muerto
apaleado, y a su hermano Mircea le quemaron los ojos con un hierro
al rojo vivo antes de enterrarlo aún con vida en su presencia,
ambos hechos fueron ordenados por los Boyardos (una aristocracia
local), a los cuales Vlad tuvo desde entonces odio eterno. Los
turcos lo apoyaron hasta convertirlo en rey de Valaquia (antes
incluso llegó a ser príncipe de Transilvania, pero
sólo durante unos meses). Esto ocurrió en 1448,
pero los húngaros lo expulsaron por ordenes de Juan Hunyadi,
comandante en jefe de los nobles de Hungría, antiguo aliado
de su padre.
Durante
ocho años Vlad estuvo viajando por los lugares limítrofes
de Valaquia buscando apoyo. Se sabe que en este tiempo contactó
y trabó amistad con Esteban de Moldavia, quien le ayudaría
en el futuro contra los turcos cuando éste se convirtió
en voivoda de su país. Además aprendió varias
tácticas político-militares.
Cuando conoció que los turcos habían sido rechazados
por los húngaros se lanzó al ataque del poder que
ostentaba Vladislav II, protegido de los turcos. Junto con un
contingente de Transilvania derrotó al voivoda e hizo que
lo ejecutaran en la plaza pública de Tirgoviste, justo
donde había muerto su hermano. Una vez convertido en príncipe,
en 1456, los reinos cristianos lo reconocieron como tal.
Él
fue despiadado y en las ciudades donde no lo aceptaban se realizaban
ejecuciones por empalamiento de hombres, mujeres y niños,
como en los casos de Kronstadt (Brasov) y Hermannstadt (Sibiu),
ambas ciudades habitadas por colonos alemanes que no querían
comerciar con él o que no querían pagarle tributo.
Con
ello iniciaría su carrera de brutales masacres, entre las
que se le atribuyen el exterminio de cien mil personas entre 1456
y 1462, hechos detallados en documentos y grabados de la época,
que pusieron de manifiesto su gusto por la sangre y empalamiento,
por lo que se le comenzó a llamar Tepes que significa en
rumano: empalador.
Una de sus acciones de empalamiento masivo fue en su venganza
contra los boyardos, asesinos de su padre y de su hermano mayor.
Vlad llevó a cabo esta venganza en Pascua de 1459, invitando
a los boyardos a una gran cena de Pascua pidiéndoles a
estos que se pusieran sus mejores galas. Cuando terminaron de
cenar, Vlad mandó empalar a los más viejos, mientras
que a los jóvenes les obligó a ir hasta Târgoviste,
hasta un castillo en ruinas que había en un monte cercano
al río Arges. Los boyardos fueron a pie, y muchos perecieron
en el camino, pero los que llegaron aún con vida, fueron
obligados a construir el castillo de Dracula, y así, sus
preciosas ropas de gala, quedaron convertidas en harapos, mientras,
obligados a construir el castillo, iban muriendo de cansancio
y agotamiento ante el deleite del Empalador, que pudo realizar
su venganza y al mismo tiempo construir su castillo. Otra prueba
de la gran astucia de Vlad.
A
Vlad le gustaba organizar empalamientos multitudinarios con divertidas
formas geométricas. La más común era una
serie de anillos concéntricos de empalados alrededor de
las ciudades a las que iba a atacar, pour encourager l'esprit.
La altitud de la estaca indicaba el rango que la víctima
había tenido en vida. Con frecuencia, Vlad los dejaba pudriéndose
durante meses. Un ejército turco que pretendía invadir
Rumania se volvió atrás, aterrado, cuando encontró
a varios miles de empalados descomponiéndose en lo alto
de sus estacas, a ambas orillas del Danubio.
Otra
de sus actuaciones en su reinado fue cuando la población
se quejaba de los continuos robos que sufrían por parte
de ladrones y asaltadores en sus territorios, además de
los pobres, que según Vlad no aportaban nada al país.
Para erradicar esto propuso un gran festín en una gran
casa de las afueras de las ciudades para pobres, ladrones, tullidos,
leprosos, enfermos, pordioseros, en donde las grandes viandas
y el vino estaban por doquier. Cuando ya todos estaban bien servidos
de comida y borrachos de vino, Vlad y su guardia se plantaron
en la casa y preguntó a todos los allí reunidos
si querían una vida sin privaciones ni preocupaciones y
que todos los días se dieran festines como aquel, a lo
que los mendigos y demás personas respondieron que sí
y que había sido el mejor día de sus vidas. Vlad
les sonrió y mandó a sus soldados que cerraran todas
las puertas de la casa y prendieran fuego sobre ella. Nadie quedó
con vida. Eliminó la pobreza acabando con los pobres. Estas
atrocidades se fueron repitiendo con todos los mendigos en cada
comarca de su principado. Llegaron a morir 3.600.
El
siguiente grupo para él improductivo con el que quiso acabar,
fue el de los gitanos. Vlad reunió a los trescientos de
una comarca, mandó que asaran a los tres líderes
para que los demás los comieran o a cambio se alistaran
al frente turco, sino todos serían asados. Los gitanos
optaron por lo segundo.
Vlad Tepes desayunando ante unos empaladosLuchó y descargó
toda su brutalidad tanto contra cristianos como contra musulmanes.
Dependiendo lo que le convenía en cada momento, luchaba
contra aquel que le hiciera pagar tributos. Fue traidor sádico
de ambos bandos, inspiración de muchas leyendas.
Tanto
musulmanes como cristianos lo tenían por maldito, quedándose
él en una posición media, obligando a musulmanes
de su país a luchar contra los musulmanes turcos, y a los
católicos a matar ortodoxos.
El
Día de San Bartolomé de 1459, Vlad hizo empalar
a la mayoría de los habitantes sajones de Brasov, una ciudad
transilvana que se había rebelado contra él ya que
habían apoyado al pretendiente Dan II, junto con desleales
húngaros y rumanos, y a continuación organizó
un festín en el centro de este nuevo Bosque de Empalados
aún aullantes, frente a la tarima donde un verdugo descuartizaba
lentamente a los cabecillas de la sublevación y sus familias.
La peculiar celebración duró hasta muy entrada la
noche, cuando, para iluminarse, Vlad y su ejército prendieron
fuego a la ciudad ante los ojos de sus 30.000 agonizantes ciudadanos.
Incluso a los que no mandó empalar los amontonó
e hizo que sus soldados los mataran a sangre fría con espadas,
picas y cuchillos. Poco después atacó a la ciudad
de Tara Birsei, en donde también hubo empalamientos varios.
Al
año siguiente arrasó las ciudades de Amlas y Fagaras
por rebelión resultando la gran mayoría de sus habitantes
empalados, quemados o muertos en combate. Estas ciudades tardaron
varias generaciones en recuperar su población, quedando
desiertas algunas poblaciones durante un siglo. Vlad al firmar
la paz con Transilvania pidió que este principado no debería
acoger a ningún enemigo y tenía que pagarle 15.000
florines.
Vlad
se vio atacado en 1460 por el anterior voivoda Dan II que quería
expulsarlo y recuperar el poder. Para ello se sirvió de
un ejército transilvano de poco más de un millar,
pero fue derrotado y capturado (sobre su muerte ver el apartado
"atrocidades alegadas"). A la muerte de Dan hubo un
nuevo pretendiente al principado que fue Vlad Caragarul, hermanastro
de Vlad Tepes.
En
1461 derrotó al comandante turco Hanza en una emboscada
en la frontera con los turcos (en las orillas del Danubio). Al
capturar al turco le cortó los pies y las manos y lo dejó
en la frontera para que sus compatriotas lo recogieran.
En
1460, 10.000 hombres fueron empalados en Sibiu. En 1461 Mehmed
II, el conquistador de Constantinopla, un hombre al que no se
le conocía precisamente por su repugnancia ante la efusión
de sangre, se volvió a la susodicha ciudad enfermo de violentos
vómitos ante la visión del Bosque de los Empalados.
Este peculiar "Bosque" era un valle donde se habían
talado todos los árboles para obtener estacas. Estacas
suficientes para empalar a más de 23.000 prisioneros turcos,
húngaros, rumanos, búlgaros y colonos alemanes y
sus familias empalados allí mismo, repartidos por todo
el valle, en lo alto de los palos. Éste hecho lo dejó
escrito el propio Vlad ya que mandó una carta el día
11 de enero de 1462 al rey de Hungría, Matías I
Corvinus, en la que escribió que había empalado
a más de 20.000 personas y lo sabía bien ya que
fueron cortando la cabeza a cada uno para facilitar el recuento.
Además de la carta también envió al rey húngaro
dos grandes sacos con orejas, narices y cabezas de sus víctimas.
Pero después de 1462 los turcos se desquitaron, pues ocuparon
Valaquia conquistando su capital Tirgoviste, y Vlad huyó
a Hungría para pedir protección (antes de su huida
su mujer se había suicidado tirándose al río,
ahora río de la Princesa, por la torre del castillo de
Poenari, la fortaleza que el mismo Vlad mandó construir
ubicada en la frontera entre Valaquia y Transilvania, y su hijo
murió durante la escapada), pero el rey de ese país
lo mandó encarcelar durante doce años en el castillo
de Visegrád, en la torre de Salomón. Esto ocurre
tras una serie de intrigas (falsificación de documentos
incluida) muy de la época y del lugar, con lo que Mehmet
logra que el Rey ordenara el arresto de Vlad que fue encerrado
durante doce años, primero en Visegrado (cerca de Sarajevo,
a orillas del Drina) y posteriormente en las inmediaciones de
Budapest, donde recibía un trato especial, es decir, era
tratado con mayores consideraciones. El rey de Hungría
le tenía como si fuera un visitante del castillo y ni siquiera
llegó a estar entre rejas. Incluso Matías le ofreció
una dama magyar, llamada Ilona Hunyadi, con la que Vlad se casó
en 1467. Mientras tanto, entre 1462 y 1475, Radu, hermano menor
de Vlad, hombre débil y carente de personalidad, se sentó
en el trono de Valaquia casi como un títere de los turcos.
En
su estancia penitenciaria hizo de encuadernador de libros y fue
exhibido como atracción a las personas que se acercaban
al castillo. Mantuvo su sangriento sadismo matando aves y roedores.
Más tarde, Vlad recuperó su libertad en 1473 y su
trono el 11 de diciembre de 1476, gracias al apoyo real húngaro
obtenido. Su última acción fue en diciembre (se
dice que fue el día 31) de 1476, cuando Vlad se lanzó
a atacar a los turcos. Estos habían preparado otro gran
ejército para conquistar Valaquia y poner en el poder a
su voivoda, Basarab Laiota. Los turcos estaban apoyados por los
nobles boyardos, quienes les dejaron vía libre para penetrar
en Valaquia. Y fue Basarab quien se lanzó contra Vlad Draculea
en una emboscada en la que murió éste y la mayoría
de su guardia personal de moldavos, de los que sólo quedaron
diez soldados. Su cabeza fue entregada a los turcos quienes la
exhibieron como trofeo colgada de una estaca en el centro de Estambul.
Aunque
no se ha podido confirmar, su supuesta tumba podría estar
en un pequeño convento del lago Snagov, cerca de Bucarest,
en donde hay inscripciones y diferentes retratos sobre él.
Llegó
a tener otro hijo, llamado también Vlad, con la príncesa
húngara anteriormente referida (que se suicidó al
no soportar la vida en el castillo de Visegrád). El hijo
no llegó a gobernar y murió en 1500.
Aunque el empalamiento era, evidentemente, la diversión
favorita de Vlad, también gozaba con la aplicación
de otros métodos a quienes de un modo u otro le habían
hecho enfurecer, normalmente en la intimidad de sus castillos.
Entre los métodos de tortura favoritos del Príncipe
de Valaquia se contaban también la amputación de
miembros, narices y orejas; la extracción de ojos con ganchos;
el estrangulamiento, la hoguera, la castración, el desollamiento,
la exposición a los elementos o a fieras salvajes, el vaciado
de ojos, la parrilla y la lenta destrucción de pechos y
genitales, especialmente de las mujeres.
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Un
vampiro es, en la cultura popular de varios países, una criatura
que se alimenta de sangre de seres vivos para mantenerse activo.
Probablemente la base de la mayoría de las ideas acerca de
vampiros que forman parte de la cultura popular actual ,sea el libro
de Drácula de Bram Stoker, y las películas de cine
basadas en él, como Nosferatu y Drácula de Bram Stoker.
Algunos estudiosos del vampirismo han sugerido que estas leyendas
se hallan relacionadas total o parcialmente con casos de patologías
reales como la rabia. Los vampiros a la luz de la medicina; o la
porfiria. Junto con el hombre lobo, el vampiro es quizás
el más famoso ser sobrenatural de la cultura popular humana.
La palabra "vampiro" viene de las lenguas eslavas (del
alemán vampir, que se deriva del polaco temprano vaper y
éste a su vez del eslavo arcaico oper; con raíces
indoeuropeas paralelas en el turco y en el persa-iraní).
Significa a la vez "ser volador", "beber o chupar"
y "lobo", además de hacer referencia a cierto tipo
de murciélago. Durante la expansión del Romanticismo
en Europa, la principal reacción al periodo previo de Ilustración
enciclopédica y racionalista, el vampiro se convirtió
en una temática común y pasó de la leyenda
oral a los castillos y los salones elegantes.
Otros nombres son vurdalak (ruso moderno), vrolok (eslovaco), strigoï
o strigoiul (rumano moderno), bukolako o vukolak (serbio), upiro
(polaco), nosferatu (del griego nosophoro , portador de enfermedad)...
Historia
Si bien existen sugerentes leyendas en todas las civilizaciones
de la antigüedad, desde Egipto a Sumeria, la primera referencia
histórica del vampiro se encuentra en la obra de Lucio Apuleyo,
un escritor y filósofo romano, que vivió entre los
años 125 y 180. Su novela De Asino Aureo cuenta la historia
de dos hermanas malignas, Meroe y Panthia, que bebieron la sangre
de un tal Sócrates (ninguna relación con el gran filósofo
griego). Las hermanas cerraron las heridas de Sócrates con
una esponjilla para que éste no se diera cuenta de la pérdida
de sangre, pero cuando al día siguiente se inclinó
para beber agua de un río, la esponjilla se cayó al
agua, y tras ella la última gota de vida.
El vampiro como muerto viviente bebedor de sangre ya era conocido
en las leyendas de algunos países, siendo posible encontrar
relatos en Inglaterra y Dinamarca durante el siglo XII que nos hablan
de seres parecidos. Con el tiempo, y especialmente gracias a las
novedades que aportaba el llamado Siglo de las Luces donde se vive
el triunfo de la razón y el desprestigio de las supersticiones,
fueron poco a poco desapareciendo. Pero años más tarde
surgió una de las personas que más hizo para avivar
estas creencias en el vampirismo, aunque la idea inicial era refutar
su existencia, el padre benedictino Don Agustín Calmet (1672-1757),
que vulgarizó en el siglo XVIII las leyendas y fábulas
de centroeuropa sobre los vampiros exponiendo en su obra "Tratado
sobre los vampiros" (1746) las historias de estos seres en
tierras de Austria, Hungría, Polonia, Serbia, Moravia, Silesia
y Prusia, aunque también anotó casos de lugares tan
distantes como Perú, Laponia o Inglaterra.
Los vampiros en la Antigüedad
En Mesopotamia se invocaban a los dioses protectores para que acabaran
con los Utuhu y a los Maskin, seres muy similares a los vampiros
que eran los culpables de las enfermedades y las pestes, por parte
del pueblo. Estos seres junto con las huestes de Alal y Telal, pueden
considerarse como antecesores de los vampiros.
En el Antiguo Egipto nos encontramos con deidades vampíricas
como Srun, caracterizada por tener aspecto de lobo y largos colmillos.
Solían alimentarse de los cuerpos de sus víctimas
humanas. Los fenicios tenían la creencia de que la mortandad
de niños era debida a los ataques de Lilitu, espectro errante
que se alimentaba de la sangre de los infantes. Se hicieron exorcismos
para devolver a los chupa sangre (también llamados chtonios,
"amigos de la sangre") a sus tumbas.
Kali Ma, en la India era una diosa que poseía cuatro brazos
y una larga cabellera se le atribuían sacrificios humanos
en los que la sangre era el elemento principal. Otros seres eran
los butchas.
En la Antigua China se consideraba que se convertían en vampiros
a aquellos que habían cometido crímenes en vida. Cuando
estos morían se les exhumaba y se les cortaba todos sus miembros
a trozos.
Ya en Europa, más concretamente en la antigua Grecia, existía
en su mitología la leyenda de la Lamia, que era hija del
rey oriental Belus cuyos hijos fueron asesinados por la diosa Hera,
al conocerse que Lamia tuvo un romance con Zeus. Para vengarse esta
última comenzó a perseguir a todos los niños
que se encontraba para extraerles la sangre para alimentarse. Esta
leyenda se convirtió en superstición que se transmitía
en las zonas rurales de Grecia y que contaba que Lamia atacaba a
todos los viajeros extraviados, seducidos por la belleza de la "chupa
sangre". Este caso es el más parecido a la concepción
histórica de vampiro. También en la mitología
griega se encuentra el caso de Empusa, hija de la diosa Hécate,
un ser con pies de bronce y monstruoso que podía transformarse
en una bella mujer y conquistaba a los hombres para aprovecharse
de su sangre. Además en la Hélade existían
en sus leyendas las striges, deidades con rostro de mujer y cuerpo
de pájaro que absorbían la sangre de los humanos mientras
estos dormían. También existía un ser llamado
Vrycolaka, que atacaba a su familia después de muerto.
Los romanos tenían a los larvae, no-muertos que no habían
expiado sus crímenes en vida, y se vengaban de su estado
esquelético y fantasmal absorbiendo la vida de los vivos.
El vampiro en la Edad Media
En la Edad Media, en los países de religión musulmana
se tenía constancia de unos vampiros llamados gul, en el
caso de ser varón y gola, siendo mujer y se convertían
en tales por haber tenido una muerte violenta . Estos seres tienen
su aparición en uno de los relatos de Las mil y una noches
llamado Honor de un Vampiro.
En la primera expedición de los vikingos hacia Islandia en
diferentes grupos, ocurrió que en la primera noche allí
uno de los grupos (que se componían de una treintena cada
uno) fue masacrado por una especie de vampiros que les absorbieron
la sangre.
La palabra upir (también como en polaco significa vampiro)
llegó a utilizarse por primera vez en Rusia en el año
1047 para referirse a un príncipe ruso.
En 1190 Walter Map escribe De Nagis Curialium, en donde escribe
hechos ocurridos por ataques vampíricos en Inglaterra. También
recoge casos ingleses William de Newburgh en sus Chronicles, en
1196.
Una tradición sitúa a un conde que se convirtió
en vampiro a causa del maleficio de unas brujas trescientos años
antes de que naciera el mito moderno. Este conde se llamaba Guifred
Estruch y vivió en la época del rey Alfonso II de
Aragón (el Casto), y habría estado muy bien considerado
en la Corte de Barcelona desde los tiempos de Ramón Berenguer
IV como triunfador contra el rey moro de Valencia, y colaborador
decisivo en la toma de Tortosa en 1148, y las de Lérida y
Fraga en 1149.
Otra tradición oral catalana recoge la existencia del vampiro
en la comarca del Ampurdán. Habría sido el conde Strucc,
un noble de origen germano de la corte de Pedro II rey de la Corona
de Aragón, que se había destacado en la batalla de
Las Navas de Tolosa. Ya anciano, fue enviado al Pirineo para perseguir
brujas y paganos, en su castillo del Alto Ampurdán y allí,
por la acción de oscuras fuerzas maléficas, se convertiría
en un chupador de sangre.
Lamentablemente, la mayor parte de la documentación histórica
relativa a este caballero se perdió durante la Guerra Civil
Española: el pueblo de Llers, donde se encontraba, fue destruido
por la aviación franquista. La leyenda goza de dos versiones.
Esta leyenda parece derivarse de unos hechos anteriores, acaecidos
en el año 1173, época del rey Alfonso II. Éste
se enfrentaba a problemas de normalización religiosa en su
territorio: temía que los seguidores del paganismo, aún
comunes entre las gentes que vivían en el Pirineo, pudiesen
cooperar con los musulmanes del sur para derrotar a los señores
cristianos. En colaboración con el Obispo de Barcelona, Guillem
Torroja, pidieron al Conde Guifred Estruch que lanzase una campaña
de persecución de pobladores no cristianos en la comarca
del Ampurdán, para lo que le cedió el castillo de
Llers. Este Guifred Estruch estaba muy bien considerado en la Corte
de Barcelona desde los tiempos de Ramón Berenguer IV, pues
había triunfado contra el rey moro de Valencia, y colaborado
decisivamente en la toma de Tortosa en 1148, y las de Lérida
y Fraga en 1149. La traición del capitán de su ejército
Benach, quien le envenenó por despecho de Nuria, hija de
Estruch, fue a su vez continuado por el asesinato de varias personas
acusadas de brujería. En el proceso, el conde asesinado se
habría convertido en un no-muerto.
La documentación histórica sobre las andanzas del
Conde Estruch brilla por su ausencia, y ni siquiera es posible saber
si fue el héroe de las Navas de Tolosa o el vencedor de Tortosa,
y hay cincuenta años de diferencia entre los dos sucesos.
La aniquilación de Llers hizo que sólo quedara la
tradición oral, que habla de vampiros y figuras demoníacas
deambulando por la Sierra de Mas Carrera durante varios siglos.
Incluso hasta la actualidad.
Durante la Edad Media, las pulgas, que son también chupadoras
de sangre, se consideraban un ser vampírico por su implicación
a la hora de extender la Gran Peste Negra de 1347. De aquí
surgieron varias referencias literarias sobre "el Señor
de las Pulgas" y, por extensión, "el Señor
de los Insectos" y "el Señor de las Moscas".
Los celtas enterraban a sus muertos boca abajo, para que entraran
en el "otro mundo" mirando en la dirección correcta:
hacia abajo. En Europa Oriental, era frecuente introducir un diente
de ajo en la boca de los muertos antes de inhumarlos.
Otro vampiro en Cataluña, también en el Ampurdán,
es el caso de Ugarés. Fue un hombre que vivió en un
megalito y que fue poseído por espiritús malignos
por extraños personajes venidos desde el Mar Caspio. Se dice
que murió en el siglo X en una batalla, en la que sufrió
un ataque de posesión que descargó contra sus enemigos.
Luego en el siglo XV se construyó un castillo donde había
sido enterrado, justo en el megalito en donde vivió. Durante
las obras y luego ya construido hubo toda clase de desgracias, como
enfermedades plagas y muertes extrañas. El que rigió
el castillo también ha pasado a la historia con el nombre
de Ugares y se dedicó ha realizar todo tipo de tropelías
como asesinar niños y luego beberse la sangre de estos y
comerse sus cuerpos (decían que le había poseído
el espíritu del antiguo Ugarés). Todos los habitantes
de la villa decían que nunca envejecía y que adivinaba
el futuro. En 1427 hubo un terremoto en la zona y todos creyeron
que Ugares había muerto, pero en 1483 aparecieron de nuevo
las epidemias y las desapariciones de personas y durante siglos
la leyenda de los Ugarés pervivió.
En el siglo XV existió una familia vampírica que vivía
en East Lothiam, Escocia. Primero fueron una pareja que ingerían
la sangra y comían a los viajeros que se hospedaban en su
casa. Luego sus hijos heredaron estas actuaciones de vampiros.
Michel Beheim, un juglar germánico, compuso en 1463 una canción
con el título Von ainem wutrich der hies Trakle waida von
der Walachei ,donde relataba la historia de un noble rumano llamado
Vlad Draculea. Beheim era súbdito del Rey húngaro
Matías Corvino, en cuya corte se refugió Draculea
cuando tuvo que huir de Valaquia. Valaquia, fundada en 1290 por
Rodolfo el Negro -quien tampoco lleva el apodo debido a su color
de piel, es una comarca de Transilvania (Rumania). Transilvania
significa "las tierras más allá de los bosques".
El otro nombre de esta región, Siebenbürgen, se deriva
del alemán y significa los siete castillos, lo que da a entender
bien su importancia estratégica y la complejidad del sistema
defensivo que allí existía en aquellos tiempos. De
hecho, los intrincados valles y montañas de la remota Transilvania
constituyen la puerta meridional de Europa; todo invasor que, procedente
de Asia, desee conquistar por el sur las fértiles llanuras
del continente europeo tiene que pasar obligatoriamente por Valaquia
y Transilvania. Y por esa razón, la guerra y la crueldad
han sido allí moneda común desde hace miles de años.
Dracul (que significa el dragón, aunque la palabra rumana
utilizada para referirse al Demonio es idéntica) era el apodo
del voivoda (príncipe) transilvano Vlad III Dracul, caballero
de la Orden del Dragón, un colectivo secreto fundado por
el Sacro Emperador Romano en 1410. Vlad Dracul fue el padre de Vlad
III Tepes (el Empalador) que vivió en constante estado de
guerra durante 1431 y 1476. Vlad IV Tepes fue el modelo que recogería
el escritor Bram Stoker para crear su famosísimo personaje,
el Conde Drácula. Draculea significa hijo de Dracul, y este
apodo pronto derivó a Drácula. Pese a lo que se dice
en la novela de Stoker, los rumanos no establecen conexión
entre Vlad III Tepes y el vampirismo; de hecho, debido a su capacidad
para expulsar a los turcos de Valaquia (mediante métodos
extremadamente crueles y brutales, pero quizás apropiados
para el lugar y la época) se le considera un héroe
nacional en Rumania, el salvador de Europa. Por los mismos métodos,
también logró que desapareciera toda delincuencia
de su reino ,algo muy difícil en tiempos tan convulsos de
invasiones y revueltas-. Para más información sobre
la figura histórica de Vlad III Tepes se recomienda leer
L'Histoire du Prince Dracula, de Matei Cazacu, que incluye los trabajos
de M. Beheim.
Creando a su alrededor un aura demoníaca, logró que
unos y otros se lo pensaran dos o más veces antes de atacarle.
Paralelamente, la leyenda de Draculea, hijo de Dracul, el Dragón,
el Diablo, el Vampiro, pudo surgir. Como mínimo desde 1460,
sus enemigos en el exterior y en el interior estaban convencidos
de que Vlad disponía de poderes necrománticos, pues
sólo así podía explicarse su conducta, y pensaban
que su reducido ejército diurno quedaba reforzado durante
la noche por las cien mil almas de sus víctimas convertidas
en raptores de niños y doncellas, chupadores de sangre, fantasmales
guerreros de la oscuridad en busca de implacable venganza contra
los vivos. El concepto moderno de vampiro había nacido.
Patología
Adicionalmente, se debería destacar un origen etiológico
del mito , las enfermedades mentales; este apartado se refiere específicamente
a la patología psiquiátrica.
La historia ha dejado una serie de personajes a los que se le ha
atribuido una atracción patológica por la sangre humana.
Desde el caballero Gilles de Rais (1400-1440), antiguo compañero
de armas de Juana de Arco, que buscando en la sangre el secreto
de la piedra filosofal torturó y dio muerte a unos 300 niños,
hasta la ya conocida condesa Elizabeth Báthory, que supuestamente
bebía sangre de doncellas para mantenerse joven.
El primer vampiro moderno fue el húngaro Bela Kiss que inició
sus actividades en 1912 a raíz de la infidelidad de su joven
esposa; cuando se fue a la guerra dos años después
y no volvió, se le supuso muerto, y al entrar en sus propiedades
las autoridades descubrieron 2 barriles metálicos con los
cuerpos de su mujer y su vecina, posteriormente encontraron otros
17 barriles más con otras tantas mujeres en su interior que
habían sido estranguladas pero, además, presentaban
unas heridas en el cuello no encontrando ni una gota de sangre en
sus cuerpos. Bela Kiss nunca fue encontrado, y se le consideró
un desaparecido de la guerra.
La fama de vampiro la tuvo mayormente el alemán Peter Kürten
(1883-1931), más conocido como "El Vampiro de Düsseldorf",
que inició sus actividades de muy joven, torturando y matando
a animales, a los 5 años intentó ahogar a un compañero
mientras jugaban en una embarcación y a los 9 años
preparó un accidente en el que murieron dos muchachos. Pese
a sus maneras apacibles y su aspecto imperturbable, pese a ser considerado
por sus vecinos como una persona seria, honesta y amable, fue condenado
por diversos delitos como robo, asalto o deserción de sus
obligaciones militares. Su primer homicidio, una niña de
8 años, tuvo lugar en 1913, y al final de su vida fue acusado
de 9 asesinatos y siete intentos de asesinato. Murió sin
arrepentirse de sus actos y sin sufrir remordimientos por ellos;
su pasión por la sangre le hizo decir antes de ser guillotinado:
"Después de que me decapiten, podré oír
por un momento el sonido de mi propia sangre al correr por mi cuello.
Ese será el placer para terminar con todos los placeres".
Esta historia fue llevada al cine como "M el vampiro de Düsseldorf"
de Fritz Lang (1931), donde Peter Lorre hacía una magnífica
interpretación del asesino.
Otros asesinos han sido definidos como vampiros por su atracción
por la sangre. Se puede citar a Martin Dumollard quien mató
a varias mujeres en Francia en 1861 y bebió su sangre; también
en Francia en 1878 ,Joseph Vacher bebió la sangre de una
docena de sus víctimas; en Italia Vincenzo Verzenia asesinó
a dos mujeres para beber su sangre y Eusebius Pleydagnelle mató
a seis mujeres por el mismo motivo; en Polonia Stanislav Modziellewski
y Juan Koltrun, el llamado "Vampiro de Podlaski", obtuvieron
fama porque bebieron la sangre de sus víctimas; el argentino
Florencio Roque Fernández; en la década de los 70
fueron descubiertos el milanés Rantao Antonio Cirillo y Richard
Trenton Chase, "El Vampiro de Sacramento", que según
dijo necesitaba beber sangre para renovar la suya; la californiana
Deborah Finch en 1992 que ingirió la sangre de su víctima
tras un supuesto pacto suicida; el conocido John Crutchley que,
entre otros asesinatos sangrientos, mantuvo prisionera a una de
sus víctimas en 1985 para poder beber su sangre poco a poco;
Marcello de Andrade que mató en 1991 a 14 jóvenes
en Río de Janeiro para rejuvenecerse con su sangre; Magdalena
Solís, una mujer mexicana que desarrolló una psicosis
teológica al creerse una diosa y organizó un culto
seudo religioso y orgiástico con sacrificios humanos que
terminaban bebiéndose la sangre de sus víctimas; James
Riva, que fascinado por los vampiros desde los 13 años, mató
a su abuela en 1980 para beber su sangre como método defensivo,
pues creía que era un vampiro que se alimentaba de él
mientras dormía.
La lista continua con el famoso Fiedrich Haarman "El Vampiro
de Hannover" y Wayne Boden. "El Vampiro Violador",
Nicolas Claux, "El Vampiro de París".
Han existido también fraudes vampíricos en los asesinos
en serie; el ejemplo más llamativo es el de John George Haigh,
apodado como "El Vampiro de Londres", quien utilizó
la imagen del vampiro para crear el terror en las personas y, pese
a que no se encontraron evidencias de que bebiera la sangre de sus
víctimas ni de que actuara bajo ningún tipo de compulsión
por ella, alegó el vampirismo para que le declararan incapacitado
mental cuando lo arrestaron en 1949.
Es de destacar que la psiquiatría se ha interesado por estos
casos de conducta anormal donde hay una necesidad compulsiva de
sentir o ingerir la sangre, existiendo o no el autoengaño
creencial de ser un vampiro. Muchos han sido diagnosticados como
psicóticos o esquizofrénicos, aunque otros han definido
su enfermedad como lo que podría encuadrarse en el llamado
"vampirismo clínico" y que se ha intentado renombrar
como Síndrome de Rensfield, en referencia al personaje enfermo
mental y siervo de Drácula que aparece en la obra de Stoker,
un comedor compulsivo de moscas y arañas cuyo fin era el
de absorberles su fuerza vital.
Pese a que este síndrome no está establecido ni aceptado
completamente por el mundo médico, el psicólogo Richard
Noll, en su libro "Bizarre Diseases of the Mind" (1990),
dice que suele producirse con mayor frecuencia en los varones, e
intenta establecer una serie de fases en su desarrollo:
1:Infancia: el primer estadío suele producirse durante la
infancia, cuando el niño se ve involucrado en un incidente
sangriento en el que descubre la excitación de la sangre;
2:Auto vampirismo: donde descubre el placer que le provoca la visión
o el sabor de su propia sangre;
3:Zoofagia: donde pasan a probar la sangre de animales, siendo especialmente
atraídos por los denominados animales de compañía;
y
4:Vampirismo clínico: es el estado más avanzado del
síndrome, en el que pasa a ingerir voluntariamente la sangre
de otros seres humanos mordiendo a las víctimas por placer,
lo que les proporciona una enorme satisfacción hasta llegar
al éxtasis, ya que el sabor de la sangre actúa para
ellos como si fuera una droga.
El vampiro como arquetipo
El vampiro, como arquetipo, representa la ilusión de la inmortalidad
para el iniciado que se ha quedado estancado en una etapa previa
a la iluminación. Es aquel que está atrapado en la
esfera de la racionalidad y es por esta razón que el vampiro
posee un sentido lógico muy desarrollado pero condenado a
no poder amar ni odiar ya que no posee sentimiento alguno.
El vampiro denota a aquel ser que goza de los placeres de la carne.
Es aquel que ha descubierto las verdades trascendentes de la historia
pero que no se sensibiliza ante ellas, las toma como una consecuencia
lógica de las acciones de los hombres, pero él, como
inmortal, está ajeno a las acciones de los profanos ignorantes
de su propia esencia, de su propia inmortalidad y divinidad.
La sangre, junto con el semen, desde las primeras culturas, siempre
han sido los símbolos de la esencia divina de la vida. Es
por esto que el vampiro, aun cuando es un ser inmortal, basa su
inmortalidad en el robo simbólico de la esencia divina, en
este caso de la sangre de los otros seres, una suerte de selección
natural sobre aquellos que no son conscientes de su divina individualidad
y que la entregan gratuitamente a otros para que los traten como
parte de un rebaño, es decir, lo que entregan es su libertad.
El vampiro no posee la inmortalidad espiritual ya que se ha quedado
estancado en la inmortalidad de la materia y la razón; sin
embargo, la pregunta de si existe la inmortalidad espiritual o no,
es materia de debate y en muchos casos una actitud escéptica
es la respuesta.
El vampiro duerme en un ataúd, este es el símbolo
de que el vampiro, al no poseer alma, requiere de un templo externo
que le albergue, algo que le de seguridad y sentido de pertenencia.
Es más, en muchos casos, cuando el vampiro viaja de un lugar
a otro, este lleva tierra dentro del ataúd , esto se puede
asociar desde una debilidad, inseguridad por parte del vampiro a
despegarse de sus tradiciones y costumbres, hasta el hecho de estar
ligado a un complejo de Edipo en el cual el vampiro no se atreve
a dejar su madre tierra. De igual forma, el ataúd podría
representar la matriz de una mujer muerta de la cual un hijo “muerto”
nace a una vida incierta.
Bajo este paradigma, el mito del vampiro se podría asociar
con el mito de Horus e Isis, Isis siendo la tierra que da origen
a Horus, la espiritualidad, pero al ser también hijo de Osiris,
sufre el traumático paso del nacimiento de la muerte a la
vida. Al final, el vampiro es hijo de la muerte y de la vida. Sufre
el ciclo de morir para volver a nacer y viceversa.
El vampiro está rodeado por tres vampiresas, estas representan
el pasado, el presente y el futuro. Pero el vampiro, al no poder
morir, ha dejado estancado el tiempo a su alrededor, es por esto
que al visualizar su entorno podemos ver que todo es penumbra y
oscuridad, polvo y vejez, elementos que denotan caos y estancamiento
en el tiempo.
Las mujeres son todas jóvenes ya que en el pasado, el presente
y el futuro se confunden en uno solo. El vampiro es la representación
del caos inicial que no puede avanzar hacia el orden hasta que éste
muera. No obstante, las mujeres representan también la dimensión
física y psicológica en el cual el vampiro se encuentra
inserto, y es por esto que ellas también necesitan alimentarse
de aquella sustancia divina que hace que el vampiro exista.
Las mujeres también demuestran el gran apetito sexual hacia
sus víctimas, esto se puede interpretar como el deseo de
la material de seguir avanzando, que el futuro pueda seguir y seguir
con el propósito de darle sentido y orden al pasado, al presente
y al futuro a través del ritual de la reproducción
exclusivamente. Las vampiresas reflejan esto y lo sienten a través
de su naturaleza e instinto de mujer.
Lo curioso es que después de la muerte quieran reproducirse,
este simbolismo nos dice que después de la muerte hay más
vida, tal como Isis cuando hace un falo desde la nada, lo adhiere
al cuerpo de Osiris y en una conjunción espiritual queda
esperando a Horus. Las vampiresas demuestran que puede haber vida
después de la muerte y esto queda reflejado con la muerte
del vampiro también.
El vampiro busca a una mujer, el reflejo de su ánima, aquella
mujer que ha amado por toda la eternidad. Al morderla, ellos se
hacen uno ya que él la posee, en otras palabras, la razón
posee a la espiritualidad, ya que ella es el símbolo de la
inocencia femenina (de la espiritualidad), no obstante, ella también
lo posee a él al estar impregnada de su esencia.
Tres son los mordiscos, tres son los pasos hacia la luz. El vampiro
sólo le da dos mordiscos ya que ni siquiera él ha
alcanzado el tercer paso y lo que espera lograr a través
de ella es llegar a la tan ansiada espiritualidad reprimida del
tercer nivel. Finalmente, el debe decidir entre seguir engañándose
a sí mismo pensando que logrará la tan ansiada libertad
a través de la esencia de Nina (su ánima) o, al final
Nina también perderá su alma y será inmortal
pero sin corazón. Está analogía es la de la
sabiduría sin amor –sin emociones-, cuando solo la
razón domina al conocimiento, pero no se hace uno con el
corazón. Es por esto que al final el más insignificante
de los personajes es el que triunfa. El hombre.
El hombre representa al profano iniciado, aquel ser que busca la
sabiduría y que mediante el amor profundo que siente por
ella, puede eliminar al vampiro, y dejar que la razón y la
espiritualidad dominen juntas.
Al final, el vampiro es eliminado por el hombre, el cual debe hacerlo
para llegar al siguiente grado. El vampiro acepta que su destino
y salvación no está en el poseer la sabiduría,
sino en el morir voluntariamente, dejando la sangre que lo hacía
inmortal para también acceder al grado siguiente. El y el
hombre son uno, el se ve reflejado en lo que una vez fue y el hombre
ve la sabiduría que quiere llegar a poseer, pero a la vez
tiene miedo de transformarse en un vampiro, esa es la incertidumbre
frente al futuro.
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